Bajaba la calle cabizbaja y pensando en todo lo que había ocurrido la semana anterior, el chico nuevo, la nota, la voz del sueño...era sospechosamente parecida a la de Marcos, y eso me desquiciaba. Llegué a clase temprano, cosa rara en mí, y sobre mí mesa había un sobre. Tranquilamente me senté y lo miré con recelo sospechaba era una broma pesada de lo ocurrido hacía un par de años, en mi antiguo instituto. Aún así me arriesgué y lo abrí, dentro había una nota y lo que parecía un rosa de papel, volví a mirar el sobre para ver si ponía algún tipo de información de la persona que me lo podría haber enviado, pero nada, era simplemente un sobre blanco normal. Abrí la nota.
"Lo siento, no empezamos con buen pie, pero necesito hablar contigo."
M.
¿¡QUÉ!? Si pensaba que este chaval estaba loco, ya no me cabía duda de que necesitaba un psicólogo ¿Qué tenía que hablar conmigo si apenas nos conocíamos? Además, él venía de Madrid y yo jamás había estaba en Madrid así que ¿cómo o mejor dicho dónde podríamos haber coincidido si jamás nos habíamos visto antes? Todo esto empezaba a asustarme, así que espere a que llegara a clase para hablar con él, para mí sorpresa, aquel Lunes tampoco se presentó. No volvió a clase hasta el Miércoles, cuando entró por la puerta con unos vaqueros, sus botas negras y un jersey de color claro, y se sentó junto a mí, de nuevo. Las horas transcurrieron sin que ninguno de los dos dijera una sola palabra, no cruzamos la mirada en ningún momento, cada uno nos dedicábamos a estar sentados en nuestras sillas y evitábamos que cualquiera de nuestras cosas pasara a la mesa de al lado, así manteníamos nuestro espacio. Cuando acabaron las clases, cada uno salió por la puerta como auténticos desconocidos y avanzamos con paso lento por el pasillo, pero, cuando el pasillo estuvo completamente vacío de estudiantes, que no pensaban en otra cosa que en llegar a casa y viciarse a la consola, me inmovilizó contra la pared y me obligó a escucharle.
-¡Suéltame bruto!¿Pero quién te crees que eres?-dije con los pies levantados dos centímetros del suelo. Por mucho que pataleaba, no conseguía que me soltara y si gritaba nadie me escucharía, los pasillos estaban completamente vacíos.
- ¡Escúchame!Sé que no hemos empezado con buen pie, sé que piensas que estoy loco, pero sé quién eres realmente y puedo ayudarte a descubrirlo- decía en tono cabreado y suplicante.-Si te calmas y me escuchas, te bajaré y podré explicártelo tranquilamente y contestaré a todas las preguntas que quieras.¿Me lo prometes?- asentí.- Bien.
Me bajó, y cuando noté que mis pies tocaron el suelo y se apartaba un poco de mí, sin pensármelo dos veces salí corriendo hacía la puerta, sin mirar atrás, y le dejé en el pasillo. Corrí hasta que mis pulmones y mi pecho empezaron a arderme y cuando dejé que mi pecho volviera a su temperatura normal, miré atrás y vi que estaba a un par de manzanas del instituto, así que seguí andando hacia ninguna parte.
Me bajó, y cuando noté que mis pies tocaron el suelo y se apartaba un poco de mí, sin pensármelo dos veces salí corriendo hacía la puerta, sin mirar atrás, y le dejé en el pasillo. Corrí hasta que mis pulmones y mi pecho empezaron a arderme y cuando dejé que mi pecho volviera a su temperatura normal, miré atrás y vi que estaba a un par de manzanas del instituto, así que seguí andando hacia ninguna parte.