viernes, 27 de septiembre de 2013

Capítulo 2

"¡Corre...no mires atrás...sólo corre...!" Me desperté con un grito ahogado y sudando, eran las cinco de la mañana y todavía faltaban dos horas para que me levantase y me preparase para ir a clase, pero aún así, me levanté despacio y pensando en lo que había soñado, esa voz...Bajé a la cocina a por un vaso de agua fría y me quedé sentada en la mesa hasta que amaneció.

Bajaba la calle cabizbaja y pensando en todo lo que había ocurrido la semana anterior, el chico nuevo, la nota, la voz del sueño...era sospechosamente parecida a la de Marcos, y eso me desquiciaba. Llegué a clase temprano, cosa rara en mí, y sobre mí mesa había un sobre. Tranquilamente me senté y lo miré con recelo sospechaba era una broma pesada de lo ocurrido hacía un par de años, en mi antiguo instituto. Aún así me arriesgué y lo abrí, dentro había una nota y lo que parecía un rosa de papel, volví a mirar el sobre para ver si ponía algún tipo de información de la persona que me lo podría haber enviado, pero nada, era simplemente un sobre blanco normal. Abrí la nota.

                      "Lo siento, no empezamos con buen pie, pero necesito hablar contigo."
                                                                       M.

¿¡QUÉ!? Si pensaba que este chaval estaba loco, ya no me cabía duda de que necesitaba un psicólogo ¿Qué tenía que hablar conmigo si apenas nos conocíamos? Además, él venía de Madrid y yo jamás había estaba en Madrid así que ¿cómo o mejor dicho dónde podríamos haber coincidido si jamás nos habíamos visto antes? Todo esto empezaba a asustarme, así que espere a que llegara a clase para hablar con él, para mí sorpresa, aquel Lunes tampoco se presentó. No volvió a clase hasta el Miércoles, cuando entró por la puerta con unos vaqueros, sus botas negras y un jersey de color claro, y se sentó junto a mí, de nuevo. Las horas transcurrieron sin que ninguno de los dos dijera una sola palabra, no cruzamos la mirada en ningún momento, cada uno nos dedicábamos a estar sentados en nuestras sillas y evitábamos que cualquiera de nuestras cosas pasara a la mesa de al lado, así manteníamos nuestro espacio. Cuando acabaron las clases, cada uno salió por la puerta como auténticos desconocidos y avanzamos con paso lento por el pasillo, pero, cuando el pasillo estuvo completamente vacío de estudiantes, que no pensaban en otra cosa que en llegar a casa y viciarse a la consola, me inmovilizó contra la pared y me obligó a escucharle.
-¡Suéltame bruto!¿Pero quién te crees que eres?-dije con los pies levantados dos centímetros del suelo. Por mucho que pataleaba, no conseguía que me soltara y si gritaba nadie me escucharía, los pasillos estaban completamente vacíos.
- ¡Escúchame!Sé que no hemos empezado con buen pie, sé que piensas que estoy loco, pero sé quién eres realmente y puedo ayudarte a descubrirlo- decía en tono cabreado y suplicante.-Si te calmas y me escuchas, te bajaré y podré explicártelo tranquilamente y contestaré a todas las preguntas que quieras.¿Me lo prometes?- asentí.- Bien.
Me bajó, y cuando noté que mis pies tocaron el suelo y se apartaba un poco de mí, sin pensármelo dos veces salí corriendo hacía la puerta, sin mirar atrás, y le dejé en el pasillo. Corrí hasta que mis pulmones y mi pecho empezaron a arderme y cuando dejé que mi pecho volviera a su temperatura normal, miré atrás y vi que estaba a un par de manzanas del instituto, así que seguí andando hacia ninguna parte.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Capitulo 1

Hoy es otro día más, normal, sin nada nuevo, que sorpresa...He llegado tarde al instituto, como siempre, llego, me siento, cojo una hoja en blanco, un bolígrafo y finjo atender mientras pienso en mis cosas. Primera hora, filosofía, la odio. Todo es igual,el maestro explica a una clase de treinta y cinco alumnos que no prestan atención, por lo cual él se cansa y se sienta a leer el periódico del día,todo es normal excepto por el chico nuevo que acaba de llegar desde Madrid, y que, curiosamente, ha decidido sentarse delante mía y pasarse gran parte de la clase mirándome y echándose unas risas con el compañero de al lado...odio esa actitud. Por fin termina primera hora Cinco horas después, por fin puedo salir de aquel sitio, qué pesadilla, sólo quiero llegar a casa, encerrarme en mi cuarto y ponerme a leer o a escribir. Mientras termino de recoger mis cosas, el chico nuevo se me acerca y un extraño hormigueo me recorrió desde el lóbulo de la oreja al cuello.
-Sé quién eres.-susurró.
La piel se me erizó al momento, y cuando fui a contestarle...se había marchado, su bota desapareció por el marco de la puerta ¿qué quería decir con que sabe quién soy? salí tras él, intenté alcanzarle pero ya le había perdido de vista, así que me volví a casa.


¿Qué había ocurrido? Llegué a casa, me encerré en mi habitación y no dejaba de darle vueltas a las palabras de aquel extraño chico "Sé quién eres"...¿Qué había querido decir? Claro que  tenía que saber quién soy, estaba en casi todas sus clases...pero no iba con ese significado..."Sé quién eres". Aquella noche no pude dormir, la frase no dejaba de rondar por mí cabeza, cuanto más pensaba en ella, menos sentido le encontraba.

A la mañana siguiente, volví a llegar tarde, y para mí sorpresa el sitio que había junto a mí mesa estaba ocupado por una figura que vestía un jersey negro, unos vaqueros oscuros ajustados y unas botas de motero, era él. Me senté como de costumbré saqué el libro, una hoja en blanco, un bolígrafo y miraba impaciente a la puerta, a la espera que el profesor la cruzara y él dejara de mirarme con una media sonrisa.
-Mi nombre es Marcos.-Dijo, haciendo que yo diera un respingo en mi asiento.
-Paula, mucho gusto.- Conseguí decir después de tranquilizarme un poco.
Me sudaban las manos, mi respiración era entrecortada...¿qué me estaba pasando? Ya había hablado con muchos chicos antes y jamás me había pasado esto.
-Encantado, Paula. Bonito nombre.- Otra vez, ¿Por qué cuando hablaba me alteraba tanto? Había algo en su voz que me era familiar y a la vez desconocido, era una sensación rara. Él seguía esperando que le contestara y no dejaba de mirarme fijamente, paciente a que respondiera o de mi boca saliera cualquier ruido de aceptación.
El profesor entro en la clase, con su habitual retraso de 10 minutos, y puso orden entre la panda de adolescentes descontrolados que había en la clase, por fin su atención se centró en la pizarra y en el profesor de historia, que explicaba el Renacimiento, y me dejaba respirar tranquila. Durante la clase no dejaba de enviarme notas que yo ni siquiera habría, simplemente las tiraba al suelo "accidentalmente" y que él seguía recogiendo y poniéndola junto a mí, no quería tener nada que ver  con él. A segunda hora, en clase de matemáticas, él insistía en que leyera las notas, yo le ignoraba y volvía a tirar la nota y él volvía a recogerla, paciente. Harta del jueguecito, abrí la nota furiosa y leí "Sé quién eres, reúnete conmigo a la salida en la verja de atrás".¿De qué iba? Furiosa cogí la nota, la hice una pelota, se la lancé, justo cuando sonaba el timbre de tercera hora, y me fui de la clase a  toda prisa. No entiendo que quería ¿asustarme?¿ era una especie de broma pesada? No lo sabía, sólo sabía que tras lo que pasó, no fue a clase el resto de la semana.